San Bernardino Tlaxcalancingo -En el corazón del barroco-

Monumento del Mes

 

azulejos de talavera poblana - Fachada San Bernardino Tlaxcalancingo

   San Bernardino Tlaxcalancingo

-En el corazón del barroco-                                                             

Vive de Viaje No.8 – Octubre 2009

Fotos y texto: Carlos Lázaro

Hay monumentos que conmueven, que pertenecen necesariamente al corazón de las comunidades en las cuales se yerguen con sutil gracia y encanto. El Valle de Puebla-Tlaxcala, uno de los relicarios de nuestro variado arte barroco, está pleno de casas, capillas y haciendas coloniales que se quedan en la memoria de los viajeros que las visitan de una manera indeleble y provocan esta suerte de emociones particulares para el alma.

un sol de talavera - Fachada de la parroquia de Tlaxcalancingo - Puebla

Baste mencionar, claro, la fastuosidad barroca de la Capilla del Rosario en el antiguo Templo de Santo Domingo o el templo de Guadalupe y su gracia en mosaico y argamasa y las fachadas bien logradas del templo de San Miguel, así como las marquesinas casi de filigrana de azúcar de la  Casa del Risco, todos estos localizados en el Centro Histórico de Puebla de los Ángeles; a los pies del volcán, en el centro histórico de Atlixco, se reguardan algunas maravillas de este generoso barroco poblano, como el Templo de la Merced y la capilla del Tercer Orden, fina y breve filigrana dispuesta al pie del cerro de San Miguel y de ahí a la apasionada amalgama de elementos básicos, argamasa y ladrillo del templo de Ocotlán en Tlaxcala y un verdadero rosario de iglesias barrocas prácticamente desconocidas a los ojos de los viajeros, San Dionisio Yahuquemecan, Santa Inés Zacatelco, Santo Toribio Xicotzingo, Contla, Acuamanala, Teolocholco, Atlihuetzia, San Miguel del Milagro y Santa Cruz, todas estas últimas en el estado de Tlaxcala, corresponden a ejemplos de lo que se ha dado en llamar el Barroco Poblano, y que integran toda una ruta turística plena de maravillosas sorpresas.     

Parroquia de San Bernardino Tlaxcalancingo - Puebla

Además de las ya mencionadas, la ciudad de Cholula, la ciudad más antigua de América, habitada ininterrumpidamente, (desde hace unos tres mil años) resguarda también notables tesoros arquitectónicos dentro y fuera de su centro urbano. Además de la pirámide de adobe más grande del mundo y su zona arqueológica, donde ocurrió uno de los grandes episodios de la conquista de México, a la ciudad se le conoce por su profusión de iglesias, e incluso se ha dicho que tiene 365 templos, “uno por cada día del año”; esto pareciera evidente al subir a la pirámide coronada de sí, por el magnífico templo de los Remedios, desde donde se distinguen una gran cantidad de torres y cúpulas, que parecieran cumplir este apelativo. En realidad, los templos del centro y los alrededores de Cholula, suman unos ochenta. Número notable para una comunidad cuyo crecimiento, hasta hace unas décadas, -y antes de la expansión acelerada de la vecina ciudad de Puebla- se dio más en el ámbito  rural que urbano y donde de hecho, todavía se pueden encontrar campos de siembra, incluso a un costado de los templos.

Cupulas - San Bernardino Tlaxcalancingo

Así, de entre las nopaleras, los campos de maíz, las enredaderas del chilacayote y los nobles ayocotes de color morado, al olor del mole preparado en humildes casas de adobe, surgieron del cariño y la ilusión de las comunidades indígenas, las iglesias de los barrios de Cholula. El centro del pueblo está dominado por la mole renacentista del Convento de San Gabriel y la Capilla Real de Indios, un espacio asombroso coronado de muchas cúpulas. Más allá, junto a los portales de la plaza, San Pedro Cholula, y una sucesión de templos que merecen todos, una visita acuciosa y en plena calma. Más allá, a un par de kilómetros del centro de Cholula, se encuentran tres extraordinarios ejemplos de ese arte barroco que ostenta orgullosamente la ciudad: San Francisco Acatepec, Santa María Tonanzintla y el templo al que enuncian estas líneas, San Bernardino Tlaxcalancingo; su nombre proveniente del náhuatl, refiere a “la pequeña Tlaxcala o el lugarcito junto al pan” y que se encuentra a unos dos kilómetros de San Francisco Acatepec y un kilómetro y medio de la pirámide de Cholula.

un contundente muro amarillo poblano, Tlaxcalancingo

Esto es, a un costado de la carretera que bordea a la ciudad por el lado sur. San Bernardino completa sin duda una trilogía hermosa de iglesias cholultecas, basta ubicarse frente a su fachada y constatar la gran emoción artística que se desprende de sus azulejos de talavera emergiendo desde un fondo de ladrillos rojos, así, diversos motivos realzan la fachada con jarrones florales,  debajo de la ventana coral una representación en azulejos de San Bernardino. La fachada es rematada por una cornisa de forma polilobular de clara influencia mudéjar, que aparece como un listón de azulejo y argamasa.

el pequeño claustro del convento, Tlaxcalancingo

El templo se construyó durante el siglo XVII, y según consta en el sol hecho a base de azulejos al pie de la torre, la fachada fue enladrillada el año de 1782, en pleno furor barroco. La magnífica fábrica arquitectónica del templo de San Bernardino Tlaxcalancingo, impresiona aun más por el contraste con los amplios muros amarillos de la casa cural. La torre asciende alegremente por las líneas salomónicas de sus columnas, y se dibuja frente al cielo azul en un fondo de azulejos de talavera poblana. Al costado izquierdo del cuerpo central de la fachada se aprecian dos graciosas cúpulas, que contrastan al ser la primera de ellas revestida de ladrillos y la posterior alegre y vistosa, revestida de azulejos amarillos y azules.

interior de la parroquia de San Bernardino Tlaxcalancingo, Puebla

Al interior, el templo resguarda agradables sorpresas para el viajero. Pues como toda iglesia poblana, está plena de yeserías, sobre un fondo rosa pastel y florituras de espirales sobredoradas. Al fondo un ábside neoclásico, pero eso sí, neoclásico poblano, es coronado por San Miguel Arcángel y resguarda en su vitrina una imagen de Jesús en el Domingo de Ramos con túnica blanca. La nave conserva uno de sus antiguos retablos barrocos, churrigueresco aunque muy sencillo y cuyos lienzos de factura popular y anónima son alusivos a pasajes del via crucis. La capilla lateral, está llena de gracia y es muy vistosa, ahí el barroco poblano dejó su impronta sobre las columnas salomónicas y los arcos de florituras donde no faltan los angelitos en el remate del altar.

Al salir del interior se admira el atrio espacioso y ajardinado. Luego de eso se ingresa al pequeño medio claustro donde se encuentra la casa cural. Es de admirar este espacio porque al igual nos reserva el placer de la mirada, pues muestra una serie sencilla de arcos en un fondo amarillo decorado con listones de argamasa donde dos ángeles hacen su aparición.

Un pasillo nos conduce hacia afuera del conjunto, hacia un portal muy agradable que delimita una parte de la plaza del pueblo. Ahí se encuentra de fijo un pequeño y ameno mercadito, donde recrear más esos ojos de sorpresa y degustar algunos sabores de la tierra poblana. Los ojos vienen ya llenos de esa magia de azulejos de talavera cuando una niña pequeña con ojos de mar y una sonrisa amplia como la de una luna en talavera,  se aproxima con una charolita llena de capullos verdes me dice: “¿Quiere columbos?” mientras el bullicio del mercado me indica la proximidad del medio día y yo  me dejo arrastrar unos instantes más por aquella plaza en el gozo de las campanadas que llaman a una nueva misa.

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